Los mandamientos, la conciencia, el pecado y las virtudes, explicados para la vida de todos los días.
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Respuesta cortaAmar a Dios sobre todas las cosas; no tomar su nombre en vano; santificar las fiestas; honrar padre y madre; no matar; no cometer actos impuros; no robar; no levantar falso testimonio ni mentir; no desear la mujer del prójimo; no codiciar los bienes ajenos.
Los diez mandamientos no son una lista de prohibiciones sueltas: son el camino de la libertad, porque enseñan a amar bien. Los tres primeros ordenan el amor a Dios; los siete restantes, el amor al prójimo. Jesús los resumió en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (Mt 22,37-40), y dijo que de esos dos dependen toda la Ley y los Profetas.
Dónde estáCIC 2052-2557 (comentario completo, mandamiento por mandamiento); Ex 20,1-17.
Respuesta cortaParticipar en la Misa los domingos y fiestas de precepto, y descansar del trabajo. Confesarse al menos una vez al año. Comulgar al menos por Pascua. Guardar los días de ayuno y abstinencia. Ayudar a la Iglesia según las propias posibilidades.
Se llaman también preceptos de la Iglesia. No son mandamientos de Dios en el mismo sentido que los diez, sino normas mínimas que la Iglesia establece para asegurar el ritmo indispensable de vida cristiana. Son el piso, no el techo: quien vive solo cumpliendo lo mínimo se está privando de mucho más de lo que la fe puede darle.
Dónde estáCIC 2041-2043; CDC, cánones 1246-1248, 989.
Respuesta cortaSoberbia (humildad), avaricia (generosidad), lujuria (castidad), ira (paciencia), gula (templanza), envidia (caridad) y pereza (diligencia o fervor).
Se llaman capitales, de la palabra latina caput, cabeza, porque son la raíz de la que nacen muchos otros pecados. No son los pecados más graves en sí mismos, sino las inclinaciones desordenadas que, si no se cuidan, dan origen a faltas concretas. Conocerlos ayuda mucho en el examen de conciencia: casi cualquier pecado personal se puede rastrear hasta alguno de estos siete.
Dónde estáCIC 1866.
Respuesta cortaEl pecado mortal destruye la vida de la gracia en el alma; requiere materia grave, plena advertencia y consentimiento deliberado. El venial la debilita, pero no la destruye.
Para que un pecado sea mortal se necesitan las tres condiciones a la vez. Materia grave es un asunto serio, como los que se oponen claramente a los mandamientos. Plena advertencia significa saber con claridad que eso está mal. Consentimiento deliberado significa quererlo libremente, no por presión, engaño o impulso incontrolado. Si falta cualquiera de las tres condiciones, el pecado no llega a ser mortal, aunque el acto en sí sea objetivamente malo. Esta distinción no es para relajar la conciencia, sino para no confundir una debilidad con un rechazo consciente de Dios.
Dónde estáCIC 1854-1864.
Respuesta cortaEs el juicio interior por el cual cada persona reconoce si un acto concreto es bueno o malo. Se forma con la oración, la Palabra de Dios, el Catecismo y el consejo de personas sabias y buenas.
La conciencia no inventa el bien y el mal: los descubre. Por eso puede equivocarse si no está bien formada, y de ahí la importancia de cuidarla toda la vida, no solo en la niñez. Actuar en contra de la propia conciencia siempre es malo; pero también es responsabilidad de cada uno formarla bien, para que su voz sea fiel a la verdad y no a la comodidad.
Dónde estáCIC 1776-1794.
Respuesta cortaSiete corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los muertos. Siete espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo, corregir al que se equivoca, perdonar las ofensas, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos ajenos, y rogar a Dios por vivos y difuntos.
Son la traducción práctica del amor al prójimo, y Jesús mismo puso el criterio del juicio final en las obras corporales: "tuve hambre y me dieron de comer" (Mt 25,35-36). Las espirituales completan el cuadro, porque no todas las pobrezas son de pan: también hay hambre de verdad, de consuelo y de perdón.
Dónde estáCIC 2447.
Respuesta cortaRezar pidiendo luz, buscar lo que enseña la Iglesia sobre ese punto, y si la duda persiste, consultarlo con un sacerdote o con un confesor de confianza.
Nadie está obligado a resolver solo sus dudas de conciencia, y muchas veces basta con hablarlo con alguien formado para que se aclaren. Un buen confesor no juzga, orienta. Y ante la duda razonable sobre si algo es o no pecado grave, la propia incertidumbre ya es un indicio de que conviene actuar con más cautela, no menos.
Dónde estáCIC 1785-1794.