Qué hacer en los momentos más difíciles, y cómo acompañar a quien sufre una pérdida.
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Respuesta cortaLlamar al sacerdote de la parroquia para pedir la unción de los enfermos, la confesión si es posible, y acompañar con oración serena, sin dramatismo delante del enfermo.
Estos sacramentos dan paz al enfermo, no anuncian la muerte; conviene pedirlos con tiempo, cuando la persona todavía puede participar conscientemente, y no esperar al último momento. Mientras se espera al sacerdote, se puede rezar junto a la cama, leer algún salmo, o simplemente tomarle la mano en silencio. La presencia serena de la familia es en sí misma un consuelo enorme.
Dónde estáCIC 1499-1525; CDC, canon 1001.
Respuesta cortaEs la comunión que se da a quien está en peligro de muerte. Se pide junto con la unción de los enfermos y, si es posible, la confesión.
El viático es el mejor alimento para el último tramo del camino, y por eso su nombre significa provisión para el viaje. Junto con la confesión y la unción forma lo que tradicionalmente se llama los últimos sacramentos. No hace falta esperar a que la persona esté inconsciente: mientras pueda comulgar conscientemente, es mejor.
Dónde estáCIC 1517, 1524-1525.
Respuesta cortaSe celebra una Misa de cuerpo presente, o al menos un rito de despedida, para encomendar al difunto a Dios y consolar a la familia con la esperanza de la resurrección.
El funeral no es una fiesta de la vida del difunto en el sentido de exaltar sus logros; es sobre todo una oración: se pide a Dios misericordia por él y se anuncia la esperanza cristiana de la resurrección. Por eso los cantos y las lecturas se eligen pensando en esa esperanza. Es momento propio para la homilía centrada en el consuelo cristiano, más que para elogios extensos, aunque un breve recuerdo de la vida del difunto tiene su lugar.
Dónde estáCIC 1680-1690.
Respuesta cortaEl novenario son nueve días de oración por el difunto después del funeral. El cabo de año es una Misa que se ofrece al cumplirse un año de su muerte.
Ninguno de los dos es obligatorio, pero son costumbres muy antiguas y valiosas de piedad popular, que ayudan a la familia a procesar el duelo acompañada, y que benefician al alma del difunto con la oración de la comunidad. Se puede rezar el Rosario, leer la Escritura, y ofrecer Misas durante esos días. No hay una fórmula fija: lo esencial es la oración sostenida.
Dónde estáCIC 1032; piedad popular reconocida en Evangelii Gaudium 122-126.
Respuesta cortaSí, está permitido, siempre que no se haga por motivos contrarios a la fe, como negar la resurrección de la carne.
La Iglesia prefiere tradicionalmente la sepultura del cuerpo, por el respeto que merece como templo del Espíritu Santo y por la fe en la resurrección, pero desde 1963 permite expresamente la cremación cuando no se elige por razones que contradigan la doctrina cristiana. Lo importante es la intención: cremar por motivos prácticos o de salud es aceptable; hacerlo para expresar que no se cree en la resurrección o en la vida eterna, no lo es.
Dónde estáCIC 2301; instrucción Ad resurgendum cum Christo (2016).
Respuesta cortaDeben conservarse en un lugar sagrado, como un cementerio o un columbario. No está permitido esparcirlas, repartirlas entre familiares, ni conservarlas en casa de forma habitual.
La instrucción de 2016 fue clara en este punto, precisamente porque esparcir o repartir las cenizas puede favorecer visiones que se alejan de la fe cristiana, como el panteísmo o la idea de fusionarse con la naturaleza en lugar de esperar la resurrección. Guardarlas en un lugar sagrado, con nombre y fecha, mantiene la memoria del difunto dentro de la comunidad de la Iglesia y facilita que se siga orando por él. El obispo local puede autorizar excepciones en circunstancias particulares.
Dónde estáAd resurgendum cum Christo, 5-7.
Respuesta cortaPorque no sabemos con certeza el estado de purificación de cada persona, y la oración por los difuntos ayuda a quienes todavía necesitan purificarse antes de entrar en la plena presencia de Dios.
Es una de las prácticas más antiguas del cristianismo, documentada ya en inscripciones del siglo II. Ofrecer Misas, rezar el Rosario o dar limosnas por un difunto es un acto de caridad real hacia él, no un simple gesto simbólico. Y de paso, también consuela a quienes se quedan, porque sentir que se puede seguir haciendo algo por el ser querido ayuda a vivir mejor el duelo.
Dónde estáCIC 1032, 958.
Respuesta cortaPoco, y con el cuerpo presente: un abrazo, acompañar en silencio, ofrecer ayuda concreta. Las palabras sobran cuando el dolor es reciente.
No hace falta explicar el sentido del sufrimiento ni encontrar la frase perfecta en el momento del dolor agudo. Jesús mismo, ante la tumba de su amigo Lázaro, no dio un discurso: lloró (Jn 11,35). Acompañar en silencio, estar presente, ayudar con lo práctico y ofrecer orar juntos suele consolar mucho más que cualquier razonamiento, por bienintencionado que sea. Con el tiempo, cuando la persona lo pida, se puede hablar de la esperanza de la resurrección.
Dónde estáJn 11,33-36; CIC 1500.